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Consumidor busca agricultor para comprar comida a un ‘precio justo’

Consumidor busca agricultor para comprar comida a un ‘precio justo’

En tractoradas, con manifestaciones, o destruyendo alimentos frescos, el sector agrario ha vuelto a protestar por los bajos precios que se les paga y que les estrangulan. Exigen en el campo ayudas o, al menos, que se prohíba la ventas a pérdidas a las que les abocan las grandes distribuidoras que salen enormemente beneficiadas de llevar la comida hasta la mesa.

Mientras los políticos buscan fórmulas para calmar la revuelta, cada vez hay más personas en pueblos y ciudades que apuestan por un consumo responsable y comprometido con los pequeños agricultores y ganaderos. Son aquellaos consumidores que buscan agricultor, quienes compran en mercados de productores, se organizan en grupos de consumo, en colmenas, en cooperativas e incluso proyectan supermercados éticos para escapar de la agroindustria.

En España son mayoría los agricultores que gestionan explotaciones familiares, las que no dan para llenar a diario tres camiones de lechugas para un híper. Estos pequeños y medianos emprendedores rurales encuentran una tabla de salvación a su explotación en los llamados ‘CCC’, canales cortos de comercialización, que garantizan un precio más justo a sus productos:

Venta directa: Es el productor quien vende directamente al consumidor. Ya sea en la explotación agraria/ganadera —a veces después de una visita guiada— a domicilio o por Internet. Permite establecer relaciones de confianza con el productor y poner en valor su función social como agente de desarrollo rural. Está más extendido en los productos locales, aquellos con sellos de denominación de origen y en ecológico. La venta directa no necesariamente abarata costes para los consumidores, advierte la OCU, pero sí deja mayor beneficio a los productores. Andalucía ha aprobado un normativa para la venta directa. Cataluña promociona la suya en webs como la gastroteca.

Mercados de productores. Este tipo de venta directa que impulsan cada vez más las administraciones públicas para promocionar productos elaborados en su territorio. No cualquier mercadillo es mercado de productores, porque la mayoría son de reventa, ergo de intermediarios. En el caso de Madrid, es la cámara agraria la que organiza desde hace cinco años un mercado de productores mensual en Matadero (último fin de semana de cada mes). Lo publicita como el mayor espacio de venta directa de productos locales. Cada edición lo visitan entre 25.000 y 30.000 personas buscando sabores tradicionales y producción responsable con el medio ambiente. Son 90 puestos, de media, muchos artesanos y ecológicos. «Detrás de cada uno hay una familia comprometida con el medio rural». En Zaragoza, por ejemplo, los productores se ven con sus consumidores cada sábado en la Muestra Agroecológica de Zaragoza.

Grupos de consumo: Un grupo de personas, habitualmente vecinas de una misma zona, se unen para buscar agricultores, ganaderos y otros productores a los que comprar directamente alimentos. Raquel Mallouh, vecina de Madrid, pertenece al grupo de consumo de la asociación El Sol de la Conce, en el barrio madrileño de La Concepción. «Luis es nuestro agricultor, sus tierras están en Losar de La Vera (Extremadura)», explica a 20minutos. «En su caso no le iba nada bien y cuando estaba a punto de dejarlo cambió su huerto a ecológico y nos contactó. Ahora provee de verdura a medio centenar de familias». Cada una de ellas paga 44 euros al mes por una cesta cerrada de periodicidad quincenal que se recoge en el local de la asociación vecinal. «Son como diez kilos de producto. En la última han venido patata y cebolla, que es la base, y también espinaca, puerro, cebolleta, una col, una calabaza y kiwis». Además, el grupo de consumo mantiene contacto con otros productores de huevos ecológicos, que les surten todo el año, así como de pollo, vino o pan.

Las colmenas: En el año 2014 desembarcó en España la empresa francesa La colmena que dice sí, una plataforma que pone en contacto a productores locales con consumidores a través de las llamadas «colmenas». Cada colmena la lleva un agente que se encarga de facilitar los intercambios. Es quien busca el lugar para promover los intercambios y reciben una remuneración del 10% de cada transacción a cambio de su espacio y de su tiempo. En este caso también se recargan los productos otro 10% añadido para la colmena madre, la empresa francesa matriz de la iniciativa, que en España emplea a seis personas y en toda Europa a un centenar. La mayoría de las colmenas están en Madrid (46) y Barcelona (24), pero también operan en Galicia, País Vasco, Comunidad Valenciana, Andalucía y Aragón. Se caracterizan porque no requieren trabajo comunitario y porque se pueden pedir los productos y cantidades a demanda.

Asociaciones de consumidores: Es un modelo ampliado de los grupos de consumo que aglutina a cientos de consumidores que pagan una cuota para mantener un local-tienda en la que tener acceso a alimentos de cercanía con una apuesta clara por el trato directo con productores «que permita establecer relaciones de intercambio justas y mutuamente beneficiosas», explican en la web de Landare, la principal asociación de este tipo y radicada en Pamplona.

Abierta hace más de veinte años, tiene frutas y verduras (en fresco y embotadas), cereales y legumbres (a granel y envasados), panes, bollería y pastelería, pasta, leche y productos lácteos, leches vegetales, zumos y agua, productos de soja y vegetales (tofu, patés, etc), carnes y embutidos, salsas y especias, algas marinas, café y chocolate (de comercio justo), vinos y cerveza, congelados, infusiones y herbolario (a granel y envasados), complementos alimentarios y extractos, flores de bach, alimentación infantil, cosmética, higiene personal, limpieza del hogar, textil , utensilios cocina, papelería, libros y dvds.

Otro ejemplo de cooperativa de consumidores es BioAlai. José Ramón Mauleón, profesor universitario y sociólogo de la alimentación, es uno de sus socios. Este experto explica que los canales cortos de comercialización (CCC) permiten hasta un intermediario, garantizando siempre que el productor reciba un mejor precio. En Bioalai son unas 1.300 familias. «Tenemos como un supermercado, con hasta 2000 referencias en las estanterías. Es una idea de la gente para abaratar productos de calidad, quitando intermediarios y beneficiando al productor. Lo que hacemos es traer productos que nos interesan. El criterio básico es ecológico y se prima el productor local y pequeño, conscientes de que hay un desajuste entre la forma de producir y la comercialización agroindustrial». Y agrega: «Los consumidores tenemos que echar una mano al sector agrario a través de nuestros hábitos de consumo».

Supermercados cooperativos: En Madrid hay dos proyectos en marcha de supermercados cooperativos, La Osa y Supercoop. Está en su interés apostar por un modelo de agricultura y de sistema alimentario basado en criterios de economía social y solidaria. En concreto Supercoop prepara su apertura en el Mercado de San Fernando (en Lavapiés) siguiendo el modelo de La Louve de París o Park Slope Food Coop en Brooklyn (Nueva York). «Básicamente es un supermercado para abastecer de productos básicos de la cesta de la compra, desde alimentación a limpieza, pero basado en tres pilares: no hay beneficio capitalista, se hacen compras a mediana y gran escala y, lo más importante, el 75% de la mano de obra la hacen los socios para abaratar productos de calidad», explican los socios.

Para asociarse es necesario comprar 20 títulos de la cooperativa (100 euros) y trabajar tres horas cada cuatro semanas en el supermercado. Su objetivo es abrir en la primera mitad de 2020. La Osa tiene previsto abrir su supermercado cooperativo en el distrito de Tetuán con el objetivo de «hacer inclusiva una alimentación de calidad al mayor número de personas posible. Sin ánimo de lucro y gestionado por sus cooperativista quieren convertirse en un referente de «consumo responsable y sostenible con su entorno».

En la Comunidad Valenciana ya opera Som Amientació, un supermercado de similares características, en el que los socios a cambio de unas horas de trabajo voluntario abaratan el coste de productos ecológicos y de proximidad a pesar de pactar con los productores un precio justo para las dos partes, que en muchas ocasiones duplica lo que les darían las grandes distribuidoras.

Las tiendas especializadas: Hay un pequeño comercio minorista que tiene entre sus señas de identidad mantener trato directo con los productores y limitar al máximo los intermediarios. Un ejemplo sería A Salto de Mata (Madrid). Fermín Bohoyo, socio fundador, explica que aproximadamente la mitad tienda proviene del contacto directo con productores aunque les gustaría que fuera así el cien por cien. A Salto de Mata surgió hace 19 años de un grupo de consumo, de cinco socios y precisamente tras varias reuniones con agricultores de Castilla y León con el mismo debate de fondo de las huelgas actuales, que es el conflicto del campo de toda la vida, «la viabilidad de las explotaciones más pequeñas».

«Compramos directamente a unos 40 productores de cercanía, porque defendemos es la agroecología. Entre otras medidas que intentan llevar a cabo es no especular con precios como el del aceite, explica Bohoyo, y mantener el precio más justo durante todo el año.

«Establecemos con los productores una relación de confianza. Llevamos con el mismo productor de naranjas casi 20 años. Ponemos un margen a los productos del 30%, a la verdura un poco más. Pero a nuestro productor de mandarinas le pagamos a 1,65 euros el kilo. «Lo que ocurre es que si quieres tener mil productos hay que trabajar con alguna distribuidora. Pero procuramos mantener una serie de criterios y eso nos implica renuncias. Por ejemplo, estamos muy atentos a la huella de carbono. Toda la fruta y verdura, así como las legumbres, son de la península ibérica. Los envasados son solo de Europa y solo traemos café o cacao de fuer, porque aquí no se dan. Y siempre, de comercio justo».

Bohoyo cree que la crisis actual del campo tiene múltiples y no una única causa. Y lamenta, por su experiencia, que sea tan difícil ser agricultor o ganadero para los pequeños productores. «Se aprueban una normativas difíciles de cumplir a las que casi nadie llega. Por eso el campo se uberiza, cada vez con empresas más grandes, y así la pequeña explotación familiar lleva años en retroceso».

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